Litros y litros de alcohol: cirrosis hepática

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La cirrosis hepática, es una enfermedad crónica del hígado, que consiste en la muerte progresiva del tejido hepático normal y su sustitución por tejido fibroso.
En los países occidentales, la causa más frecuente de cirrosis es el abuso de alcohol. Entre los individuos de 45 á 65 años, la cirrosis es la tercera causa de muerte, después de las enfermedades cardíacas y del cáncer.
En cambio, la hepatitis crónica, es la causa principal de la cirrosis en varios países de Asia y de África.

SINTOMATOLOGÍA

Las personas con cirrosis leve, no tienen síntomas y parecen estar bien durante muchos años. Otras, en cambio, tienen poco apetito, se sienten enfermas y pierden peso.

La obstrucción crónica del flujo de la bilis, puede producir ictericia, prurito y formación de pequeños nódulos amarillentos en la piel, especialmente alrededor de los párpados…

La desnutrición se debe, por lo general, a una falta de apetito y a la absorción insuficiente de grasas y de vitaminas liposolubles, resultante de la escasa producción de sales biliares.

En ocasiones, los pacientes pueden expulsar gran cantidad de sangre al toser o con el vómito, debido a hemorragias producidas por la rotura de venas varicosas situadas en la parte inferior del esófago (varices esofágicas). Estos vasos sanguíneos dilatados se desarrollan debido a la elevada presión de la sangre en las venas que van del intestino al hígado. Dicha presión alta se denomina hipertensión portal, que junto con una función hepática reducida, puede ocasionar la típica acumulación de líquidos en el abdomen (ascitis).

En casos de una enfermedad hepática de duración muy prolongada, pueden aparecer, debilidad muscular, enrojecimiento de las palmas, flexión de los dedos de las manos, pequeñas arañas vasculares en la piel, aumento del volumen de los senos en los varones, aumento del tamaño de las glándulas salivales en las mejillas, pérdida de cabello, reducción del tamaño de los testículos y una función anormal de los nervios (neuropatía periférica).

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DIAGNÓSTICO

La ecografía puede mostrar un engrandecimiento del hígado. Una gammagrafía hepática, usando isótopos radioactivos, da una imagen que muestra las zonas del hígado que funciona y las que tienen cicatrices.
Con frecuencia, los resultados de las pruebas de función hepática, están dentro de los límites normales, porque para realizar las funciones químicas esenciales solamente se requiere un pequeño porcentaje de células hepáticas sanas.
El diagnóstico definitivo se basa en el examen al microscopio de una muestra del tejido hepático.

La falta de apetito, especialmente para la carne y los alimentos grasos, digestión lenta y laboriosa, alternando con diarrea y estreñimiento y algunas náuseas por la mañana con sensación de boca “pastosa”, son síntomas a los que debe darse mucha importancia.
Desgraciadamente no es previsible la aparición de síntomas más graves. Puede producirse de golpe o con una agravación más o menos rápida del estado general.
La gota que hace rebosar el vaso puede ser una hemorragia interna, una infección vulgar (gripe), un trastorno alimenticio, un exceso de trabajo o, a menudo, una buena bebida alcohólica y se pasa así a la fase llamada “cirrosis descompensada”.
El poco apetito que quedaba desaparece definitivamente, se siente cansado y pierde peso, a no ser que retenga agua en los tejidos cosa que generalmente sucede. Se llega a la impotencia.

Con sorpresa se nota que se orina más de noche que de día, hasta que aparece el síntoma más grave: la ascitis. El enfermo se da cuenta de que el vientre comienza a hinchársele de forma alarmante, mientras disminuye la cantidad de orina diaria, que tienen un color oscuro característico.

PRONÓSTICO

La cirrosis suele ser progresiva. Si se padece una cirrosis alcohólica en fase inicial y el paciente deja de beber, el proceso de cicatrización en general se interrumpe pero el tejido hepático ya cicatrizado queda así de forma indefinida.
El pronóstico es mucho peor en los casos que se presentan complicaciones graves, como vómitos de sangre, ascitis o una alteración de la función del cerebro (encefalopatía).

El cáncer hepático es más frecuente en las personas con cirrosis causada por infecciones crónicas del virus de la hepatitis B o C, por un exceso de hierro (hemocromatosis), o bien, por una enfermedad por depósito de glucógeno de larga evolución.

TRATAMIENTO

No existe curación para la cirrosis. El tratamiento consiste en el abandono de los agentes tóxicos que han provocado su aparición, como el alcohol, una dieta adecuada que incluya un suplemento de vitaminas y el tratamiento de las complicaciones, a medida que se vayan presentando.

El trasplante de hígado puede ayudar a una persona con una cirrosis avanzada, pero si ésta continúa abusando del alcohol o si la causa subyacente no puede modificarse, el hígado trasplantado también podrá desarrollar cirrosis.

REDUCIR RIESGOS

La cirrosis alcohólica es la causa más común del cáncer hepático. La dieta del bebedor es baja en proteínas y en nutrientes esenciales (como ácidos grasos, vitaminas A, C, E, la tiamina y el zinc) necesarios para metabolizar el alcohol y transportar las grasas al exterior del hígado.
La carne, el pescado, el queso bajo en calorías, suministran proteínas y zinc, mientras el pollo y el hígado, proveen de vitamina A, tiamina y vitamina C. Los aceites vegetales, los huevos y el pan integral ayudan a recuperar las reservas de vitamina E.

Las grasas no se toleran muy bien cuando el hígado se encuentra inflamado, por lo que hay que seguir una dieta baja en grasas y rica en carbohidratos.

En cambio, la cirrosis inhibe la capacidad del hígado de almacenar vitamina A y de metabolizar algunos alimentos.
Comer mucha fruta, verduras, mariscos y pan integral, como parte de la dieta equilibrada, ayuda a protegerse contra la enfermedad. Consumir, por ejemplo, lentejas, judías verdes, fresas, carme magra, kiwi, melón naranjas, ostras, huevos, cangrejo y pescado.

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