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Para muchas familias la hora de la comida, a diferencia de lo que debería ser: un momento familiar agradable, supone adentrarse en una lucha con gritos amenazas y castigos con escasos resultados de éxito. Al final los padres tienden a ceder en la disputa con la única consecuencia de empeorar la variedad y la calidad de la alimentación del niño.

 Perfil del niño mal comedor

Se trata de un niño que no come adecuadamente y muestra desinterés por la comida ingiriendo cantidades limitadas de alimento y en proporciones desequilibradas. Por ejemplo: prefieren lácteos y derivados, pasta, pan y patatas y, en cambio no prueban verduras, legumbres o pescado. Además se niegan a probar nuevos sabores o texturas y alargan exageradamente el tiempo de masticación.

En cuanto a la actitud no alimentaria, se distraen con facilidad con cualquier estimulo externo (televisión, mascotas, juguetes) y muestran actitudes desafiantes y caprichosas.

¿Cómo actuar?

Evitar forzarlos a comer. Una vez transcurridos los 20-25 minutos que ha de durar la comida, si el niño se ha negado a comer, se debe retirar el plato sin discusiones (evitando en enfrentamiento familiar que le da una connotación negativa a la hora de comer) e intentar que coma nada hasta la siguiente toma. Según el Dr Eduard Estivill “ningún niño se muere de hambre si tiene comida a su alcance. Para comer, lo único que se necesita es tener hambre. Un niño sin problemas fisiológicos siempre termina comiendo”.

No ceder a los caprichos. Los niños pueden comer de todo, excepto en el caso de que el pequeño tenga alguna intolerancia a algún alimento concreto. Otra cosa muy distinta son las preferencias que puedan tener por unos u otros. Pero preferencias no quiere decir exclusividad. Estas preferencias pueden reafirmarse a medida que el niño crece, pero eso no ha de desplazar de su menú otros alimentos necesarios para su desarrollo. Saber comer de todo es importante para tener una vida saludable, esto significa también respetar horarios, comer en familia y no permitir la selección de los alimentos.

niño mal comedor

No justificarlo. Que uno de los padres coma mal, no ha de ser pretexto para justificar o inculcar unos malos hábitos de alimentación al niño. Es de esperar que el niño imite los hábitos de sus padres, por lo tanto la educación nutricional ha de extenderse a todos los miembros de la familia. También es indispensable reconocer los méritos, reforzando los comportamientos positivos e ignorar los negativos, restar importancia al plato manteniendo conversaciones agradables y evitar distracciones externas, coma la televisión.

Establecer una rutina. El escenario de la “batalla campal”, sobre todo si queremos que deje de serlo, será un espacio concreto, agradable, tranquilo y siempre el mismo con horarios definidos. Tampoco se le debe permitir picar entre horas.
Las conquistas pequeñas son las más duraderas. Obtendremos mejores resultados si empezamos con cantidades y objetivos pequeños. Por esto se han de adaptar las proporciones y cantidades a la capacidad estomacal del niño.

Aunque el problema puede corregirse, es más eficaz prevenir su aparición. La instauración de buenos hábitos alimentarios ha de iniciarse durante los primeros años de vida para evitar excesos y carencias nutricionales.

También el el blog de Farmacia 1896:
Alimentación del bebé (I) y (II)
Imagen: Guiainfantil
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