Pescado azul sí, pero con reservas

El pescado aporta proteínas de alto valor biológico, vitaminas A, D y B12, yodo y selenio, de manera que es necesario incluirlo en la dieta. Una dieta que contenga pescado y marisco ayudará a la salud cardíaca, al desarrollo embrionario y al crecimiento del niño. Pero hay algunos pescados azules “depredadores” como el atún, el cazón, el pez espada, el emperador o la panga, el consumo de los cuales hay que limitar. La razón está en los niveles de mercurio que contienen y que se acumulan en la grasa de estos animales. Las especies más grandes tienen más grasa y pueden acumular más cantidad de este metal, que podría afectar a los consumidores con organismos más sensibles, como niños y embarazadas. Por eso, recomendamos limitar el consumo de determinadas especies de pescado, lo que no significa eliminarlo de la dieta.

Como hemos comentado al principio, la ingesta de pescado azul es importante, ya que aporta, entre otros beneficios, grandes cantidades de ácidos grasos Omega-3. Los grupos de riesgo antes mencionados pueden comer sardinas, anchoas o caballa con total tranquilidad. Porque al ser pequeños contienen menos cantidad de mercurio. El resto de consumidores naturalmente también pueden seguir consumiendo pescado azul de todo tipo, pero entre tres y cuatro raciones por semana alternándolo con pescado blanco.

 

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